EL PLACER HA SIDO… MIO

El placer ha sido mío.
Saioa Hernandez Castro
Sexóloga “Saioz… saiO”

La sexualidad es la forma en la que cada persona desde su identidad (sexual) busca y construye el bienestar personal, la sinergia relacional, la felicidad emocional y la satisfacción erótica. Reconocer la sexualidad es valorarla como una cualidad humana, por eso, desde el trabajo sexológico ponemos toda la atención en la persona que tenemos delante, no es tan relevante lo que “hace” sino la persona que “es”. En una sociedad en la que la relación entre los sexos ha sido desde la discriminación y el machismo esta construcción de nuestro ser sexuado es realmente importante.
Esta búsqueda y construcción de la sexualidad propia puede ser respetada, cuidada y valorada por una misma o causa de conflicto personal. Nuestro “ser sexuado” lo vamos construyendo creando nuestra identidad, creándonos como mujeres u hombres, quizás como personas transgénero o sin vincularnos ni a lo femenino ni a lo masculino. En la construcción tener en cuenta el placer o bienestar es fundamental, ¿Por qué olvidamos nuestro deseo, nos negamos placeres y limitamos las posibilidades de expresiones sexuales?
En consulta comprobamos que el deseo como sensación y motivación vital puede ser postergado, olvidado o negado, conscientemente, o sin darnos cuenta. El placer puede formar parte de lo cotidiano pero mucha gente, ante la “urgencia” de otras necesidades (el trabajo, los cuidados, las tareas del hogar…) lo olvida e incluso lo desplaza. Algunas personas piensan “algo no funciona en mi, porque hace tres años que no siendo ninguna gana, ni sensación placentera”, otras creen que la pareja no funciona “somos más amigos que pareja”, acuden hombres y mujeres que se definen no sexuales “vivo mejor sin relaciones sexuales, mi pareja lo tendrá que aceptar”.
El placer no se expresa porque se impone otra emoción, “el miedo” al futuro (a no atender bien a hijos e hijas, a que nos despidan del trabajo, a no poder pagar la hipoteca….). Las dificultades económicas, la incertidumbre social, el machismo, las largas y agotadoras jornadas laborales, las infinitas tareas domésticas y de cuidados, las desigualdades y dependencias económicas, la incapacidad para compartir tanto las tareas como las emociones… ¿Qué provocan en nuestros cuerpos? ¿Qué provocan en nuestra persona sexuada? ¿Las exigencias externas han conseguido alejar a las personas de su propia “persona”? “¿La sociedad de consumo en crisis ha generado tanta preocupación que tenemos que poner toda la atención en la pura supervivencia?”.

El miedo cala hasta en las personas más fogosas o las parejas más optimistas, y las personas podemos (y a ratos lo hacemos para seguir el ritmo externo) llegar a negar nuestra propia realidad humana. Es decir, nos negamos nuestra vitalidad sexual, la necesidad de sentirnos y vivirnos queridas, la satisfacción del contacto con otras personas, la posibilidad de romper moldes y mostrarnos auténticas, creando estilos propios y particulares…
El miedo enseña, pero también impide y paraliza pudiendo arrasar con las personas (sus sexualidades). Por ello, es vital recordar que sólo el deseo (no el amor) puede cambiar esta tendencia.

Mostramos al mundo la persona (sexuada) que somos es vivir nuestras sexualidades. Cuando las personas nos miramos a nosotras mismas con deseo (agrado, interés, ternura, valoración, curiosidad, cuidado…) y además buscamos y compartimos experiencias con otras personas desde el interés tan atractivo disfrutamos realmente de la vida. Para que las personas expresen su sexualidad en libertad es necesario cierta tranquilidad social de no ser agredidas (que no siempre se tiene), tener valor, (y lo tenemos), no olvidar nuestro empoderamiento y dejar de pensar en “el que dirán” o en “el fin del estado de bienestar” para volver a ser “sexualmente geniales”.
Antes de continuar, me gustaría aclarar por qué hablo del deseo y no del amor. Actualmente la palabra amor abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el erotismo pasional a la devoción religiosa, sin olvidar el amor de madre. La iglesia ha impuesto el amor frente al deseo creando juicios y jerarquías en los sentires, sentimientos de culpa y confusión conceptual que afectan a las vivencias. Además, el sentimentalismo que hace “apología del sufrimiento” que heredamos con el amor romántico del siglo XIX, sigue hoy en día, atrapando a las personas en una idea y sentir del amor como algo todo poderoso, y muchas veces basado en prácticas masoquistas.
La sexología mostró que las personas buscan el placer de formas muy diversas, en soledad y compartido. La ciencia iba dando luz sobre la diversidad frente a la normativa sexual, pero ese maltrato histórico que nuestra sociedad ha hecho al deseo no se ha superado. La religión Judío-Cristiana lo demonizó, juzgó y pervirtió y la cultura burguesa lo encorsetó en un amoroso modelo familiar tradicional. Estas ideas moralistas fueron utilizadas desde la medicina moderna para crear patologías y mantener los viejos paradigmas y, en consecuencia, malestares sexuales. Por ello, muchos malestares sexuales son sociales, no personales.
La medicina moderna lejos de universalizar la diversidad sexual (tanta como personas sexuadas), definió “científicamente” cuales debían ser “los comportamientos deseables” es decir, “normales”. La sexualidad “para” reproducir bebes se hizo “norma”, se dejó de hablar de personas sexuales para hablar de “practicas reproductivas”, haciéndonos pensar que la sexualidad es “algo que se hace” no que se “es”. Se olvidaban de las personas y todo se catalogó en relación a las disfunciones sexuales. La masturbación o la homosexualidad de trataron como enfermedades mentales, es más, hasta 1990 la ONU no eliminó como trastorno mental la homosexualidad, creando sufrimiento y discriminación por una forma de desear. Paradójicamente mientras unos médicos acusaban a las mujeres que preferían la estimulación clitoriana a la penetración vaginal de infantiles otros inventaban vibradores clitorianos para “calmar” a las “histéricas”. ¿Hoy en día sorprende que un matrimonio de conveniencia o una insatisfacción erótica con la deseada pero sexualmente monótona pareja provoque “falta de deseo” en mujeres o “eyaculación precoz” en hombres?.
Independientemente de la reproducción, la sexualidad es (re)creativa y relacional. La doble moral sexista en relación al placer y el deseo, ha hecho que se vea especialmente mal que una mujer presuma de su cuerpo, de su habilidad para tocarse, para ligar… Todavía coletea la presión social para que los hombres tomen la iniciativa en la aventura erótica, las jóvenes y no tan jóvenes siguen depositando en ellos sus deseos y frustraciones.
Ante la abusiva mercantilización de las personas (y las sexualidades), las mujeres y los hombres necesitamos tiempo, recursos y espacios para cultivar las sexualidades. Como profesional, he comprobado que muchas veces la falta de deseo o las disfunciones sexuales (impotencia, dispareunia…) son habituales. En parte, ésta es una preocupación creada por los modelos amorosos-eróticos comerciales y los nuevos mitos eróticos que son ajenos a las personas reales. Conocer los cuerpos, sus posibilidades y limitaciones sensitivas, nos situaría en una posición más gratificante.
Dedicarle tiempo a la sexualidad es dedicarse a las personas, es caminar hacia el desarrollo y la felicidad personal (y social), es jugar, es reírse, es disfrutar del llanto, es seguir buscando sentirnos vivas (siempre a nuestra manera y compartiéndonos ).

Desde el deseo consciente, se vive ese sentir(se) de forma abierta, empoderada, cuidadosa, divertida y hace posible compartir y crear vínculos o cultura de “ otras” maneras.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Teresa
    Jul 02, 2012 @ 19:12:09

    Yo tambien pienso que EL DESEO es fundamental en la construcción de la sexualidad de cada cual; supongo que en toda esta trama sexual intervienen muchas actrices, actores y casi siempre seguimos un guión con el que no nos sentimos identificadas porque nos viene impuesto desde fuera y no nos hemos parado a pensar si encaja con nuestra forma de ser, nuestras necesidades, expectativas, etc. Y sobretodo con nuestros DESEOS. Otras veces somos conscientes de que el guión no nos gusta y nos dejamos arrastrar por la corriente sin hacer nada por cambiarlo, acomodándonos a una sexualidad de supervivencia carente de ese deseo que es el motor que nos dirige hacia una sexualidad gozosa, rica, creativa y todo lo que cada una DESEE.
    ¡ Arriba el DESEO !

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