Con la intersexualidad a cuestas (¿cuesta arriba o cuesta abajo?)

Jorge Ortega

A algunas personas al nacer, y a otras incluso desde antes, nos asignaron uno de los dos sexos. O eras niña o eras niño. Si eras niña se esperaban de ti ciertas cosas; comportamientos, aptitudes y actitudes concretas… muchas de ellas, distintas y contrapuestas a las que se esperarían si fueses niño.

A veces, como muchas y muchos hemos vivido, se da un desequilibrio entre lo que se supone que es un sujeto sexuado y lo que realmente éste es; su autopercepción y lo que muestra al mundo. Me estoy refiriendo al choque entre las expectativas sociales (lo que se espera de nosotr@s) y la configuración específica de los caracteres sexuales en un sujeto sexuado (la forma de ser, hombre o mujer, que ya somos). Por ejemplo, sería suponer que un niño, por el mismo hecho de serlo, no le gustará jugar a ciertos juegos “de chicas”, su orientación erótica será heterosexual y además, inevitablemente, será
un bruto en sus relaciones sociales1. Así funcionamos todavía ¿verdad? dando muchas cosas por supuesto.

Algunos de estos desequilibrios son vistos con indiferencia, otros como virtudes personales, otros como defectos y algunos son vistos como “patologías-monstruosidades-pecados-etc…” (depende del momento histórico y el contexto social) y, aunque siempre ha habido rarit@s, marimachos o amanerados que no encajan en los moldes, la gran mayoría “parece” que se adapta bien a lo que se supone son los hombres y las mujeres “de verdad”. Y digo “parece” porque si observásemos bien, y a conciencia, veríamos que los sujetos son diversos y que les es muy difícil plegarse a normas fijas, estándares y genéricas.

En Sexología se suele hablar de la Sexuación como el proceso biográfico por el que una mujer o un hombre concretos llegan a ser la mujer y el hombre que son (y no otr@). En él, distintos elementos sexuantes3 configuran los caracteres sexuales4 de los sujetos. No parece que haya dos sujetos iguales, así como tampoco existen dos procesos de sexuación iguales. Entendemos pues, que es un camino de diferenciación e individualización, en el que la diversidad es una característica humana básica. LAS MUJERES Y LOS HOMBRES DIVERSOS5 SON LAS MUJERES Y
LOS HOMBRES “DE VERDAD”.

Dimorfismo Sexual Vs Intersexualidad.

La forma de ver los sexos como contenedores estancos y separados lo llamamos “Dimorfismo sexual” y en la tradición occidental, fue introducido en el siglo XVIII durante la Ilustración, con la intención de explicar que existían dos formas en el ser humano. Los dos sexos.

 La cosa se complica, como es habitual, cuando además pensamos que siendo niño es bueno que no le guste jugar a juegos “de niñas”; que es bueno que su orientación erótica sea heterosexual; o que es bueno que sea un bruto en sus relaciones sociales.
 Esto es, que dura toda la vida de una persona.
 Distintos factores que contribuyen a la sexuación de los sujetos. Por ejemplo, en un orden más psico-social, un elemento sexuante puede ser esas expectativas y comportamientos diferenciados que puedan tener los progenitores ante la llegada de un niño o una niña. O por ejemplo, de un orden más biológico, pueden ser la acción de los genes, de las gónadas, de las hormonas, …
 Los caracteres sexuales serían los rasgos y características que pertenecen a uno y otro sexo. En 1929 Havellock Ellis distinguió: primarios (gónadas), secundarios (genitales internos y externos) y terciarios (puberales, incluidos morfología corporal, voz, psiquismo y esqueleto).
 A los que les cuesta más o menos encajar en los moldes, con sus identidades, sus cuerpos, sus deseos, sus fantasías, …

Hasta entonces, a las mujeres se las consideraba seres a medio camino entre los niños y los hombres. El concepto del Dimorfismo sexual, por lo tanto, fue un concepto revolucionario que superó la idea un único referente humano, el del hombre. Así
pues, desde el Dimorfismo sexual se propuso la existencia de dos cuerpos para la especie humana. El cuerpo masculino y el cuerpo femenino.

Sin embargo, en las imágenes que el Dimorfismo sexual proyecta, los sexos parecen hechos de distinta pasta, los hombres son de no sé qué planeta y las mujeres de no sé
qué galaxia. Y así, se piensa que los hombres comparten un mínimo común denominador irreconciliable con el de las mujeres. En este paradigma existe un gran abismo entre los dos sexos. Los sujetos sexuados se situarían en uno de los dos lados del abismo.

La noción de Intersexualidad en Sexología apunta a que hombres y mujeres, osea los sujetos sexuados, son en realidad intersexuados. Como ya hemos dicho, los sujetos se sexúan durante un proceso biográfico que abarca toda la vida del individuo, construyéndose como único e irrepetible. Pues bien, en dicho proceso la coherencia no es tanto la del Dimorfismo sexual (osea una forma para mujeres y una forma para hombres) como la de la Intersexualidad. De este modo, no existiría ni el hombre “auténtico” ni la mujer en estado puro. La norma sería la Intersexualidad y colocaría a los sujetos sexuados en un Continuo de los Sexos. Bajo esta norma de Intersexualidad, los sujetos se sexúan en multitud de ámbitos y hechos concretos. La masculinidad y la feminidad serían los polos de un continuo (el Continuo de los Sexos) y en cada ámbito de sexuación siempre estarían estos dos polos, dos direcciones: o femenino o masculino. Y cada sujeto sexuado será la suma de distintos elementos y experiencias sexuadas, cada una de ellas en masculino o en femenino.

En el Instituto de Ciencia Sexológica (INCISEX) se suele explicar la “metáfora de los ladrillos” para comprender la Intersexualidad. En esta metáfora, veríamos a las personas como edificios, los cuales están hechos de multitud de ladrillos. Estos ladrillos se colorean de azul o rosa (para entendernos fácilmente, azul si es sexuado en masculino, y rosa si lo es en femenino). A su vez, el propio edificio es, parece que es y se siente azul o rosa. Pero si nos acercamos un poco a la pared veremos que no hay un edificio que contenga solo ladrillos rosas o azules. Somos un edificio complejo. Somos intersexuales.

Otros intentos de salir del paradigma Dimórfico sexual. El concepto de intersexualidad al que no nos referimos:
Como desde el Dimorfismo sexual se piensan los sexos como entidades coherentes y estancas, todos los caracteres sexuales primarios, secundarios y terciarios deberían mantener entre sí ese principio de coherencia. Así pues, si en una mujer por ejemplo, alguno de los caracteres sexuales no concuerda con los se le suponen, estaremos ante un caso más o menos extraño de intersexualidad, susceptible de ser patologizado.

Lo que pasa es que no todos esos caracteres sexuales son considerados con la misma
importancia; no es lo mismo socialmente una mujer a la le crece “mas bello del normal” en Con “coherentes” nos referimos a que los hombres tendrán todos sus caracteres sexuales sexuados en masculino y las mujeres todos en femenino. Del “normal” en un paradigma Dimórfico sexual, en el que las mujeres no pueden tener barba. Piernas y brazos, que una “mujer barbuda” o que una mujer cuyo clítoris tiene un tamaño que le asemeja a un pene. Estos serían tres formas de intersexualidad de caracteres sexuales masculinos en una mujer.

En un intento de salir del paradigma del Dimorfismo sexual (por lo que tiene de opresor), la bióloga y feminista Anne Fausto-Sterling ha trabajado mucho y muy bien el tema de los sujetos con genitales ambiguos y su relación con el sistema biomédico, la cultura y la política sobre los sexos. Sin embargo, la idea que Fausto-Sterling tiene de intersexualidad NO ES A LA QUE NOSOTR@S NOS REFERIMOS, o no solo. Tampoco es la idea de intersexualidad que desde la Intersex Societyof North America (ISNA) o el movimiento LGTB se entiende, como grupo oprimido por la política sexual, debido a que sus cuerpos, y sobretodo sus genitales, no encajan en los moldes dimórficos y dicotómicos masculino-femenino; aunque podamos apoyar sus reivindicaciones. Nosotr@s no solo nos referimos a personas con genitales ambiguos, sino que nos referimos a TODOS los sujetos sexuados. De hecho, podemos hablar de Intersexualidad sin tener que hablar de genitales.

Por otro lado, laintersexualidadalaquenonosreferimos, y que se nos hace cuesta arriba,
plantea el reconocimiento de un hecho, pero en nuestra opinión, lo plantea sin salir del estado de excepción. Como si lo “normal” fuese no ser intersexual, por que si l@s “normales” levantásemos nuestras faldas o nuestros pantalones, veríamos que nuestros genitales corresponden con las expectativas del mundo que nos rodea. Además, en su afán de reconocer un lugar para las personas intersexo, Fausto-Sterling afirma que la masculinidad y la feminidad completa es algo común en los individuos:
“… La masculinidad y la feminidad completas representan los extremos de un espectro de tipos corporalesposibles. El que estos extremos sean los más frecuentes ha dado pábulo ala idea de que no sólo son naturales (estoes, de origen natural) sino normales (esto es, la representación de un ideal estadístico y social). El conocimiento de la variación biológica, sin embargo, nos permite conceptualizar como natural es los espacios intermedios menos frecuentes, aun que sean estadísticamente inusuales.”
(Página 100, 2006).

Para la Sexología el sexo no solo está en los genitales, el sexo nos atraviesa de pies a cabeza, la Intersexualidad está entre todos los caracteres sexuales. Por otro lado, lo que la autora llama la representación mas frecuente (la masculinidad y feminidad completa), desde la Sexología ni siquiera se contempla su existencia, cómo hemos dicho no existiría la masculinidad y la feminidad pura. L@S INTERSEXUALES SOMOS TOD@S, MAS ALLÁ DE NUESTROS GENITALES.

Como afirma Efigenio Amezúa, en la sexología la clave intersexual supone:

“….la salida de un juego de división entre los normales y los anormales. La intersexualidad es la regla, no la excepción.Lo que nos hace ver que los sexos no son entre el llos tajantemente separados sino más bien un conjunto compuesto por elementos compartidos y comunes”(página 46, 2006).

¡Dios mío! ¡Los genitales no!

Para saber más sobre ISNA se puede consultar:

Autor: Jorge
1.
Chase, Cheryl. El eje del mal es heterosexual: figuraciones, movimientos y prácticas feministas queer.
Capítulo 8, páginas 87-108: Hermafroditas con actitud: Cartografiando la emergencia del activismo político
intersexual. de Grupo de trabajo Queer (ed.) Colección:movimiento 8. Traficantes de Sueños.
2. http://www.isna.org
10 Siglas pertenecientes al colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales.
11 El hecho en cuestión es que siempre han existido personas con genitales ambiguos, y que dependiendo del momento
histórico y del lugar se les reservado distintas posiciones sociales y que en la actualidad, se trata de invisibilizar
reforzando así un sistema dicotómico de sexo/genero.

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